Anécdota matutina, pero de esos días en los que no madrugas, si no que se te hace corta la noche. Y menos mal que volvía de fiesta, porque analizao al día siguiente, perfectamente me podía haber puesto a llorar de la angustia, aunque a estas alturas esto ya a pocos sorprendería. Este es sin duda el relato más turbio que puedo contar hasta el momento de una ciudad muy segura, a pesar de que las calles están taaaaaan iluminadas como las de mi pueblo Frumales en Segovia, que apagan una farola de cada tres, para dar intimidad a la noche yo creo...
El viernes pasado me quedaba a dormir donde Pilar (maña, como no!). Pero decidio hacer bomba de humo antes de tiempo y me mando un sms que copio textualmente: "Llámame cuando llegues y te abro, lo tengo con sonido". Meeeec! Error. Pilar estaba "nicht erreichbar", no disponible, véase sopa como una marmota. Aisssss, pobre, ¿no le habrá pasado algo? ¿llegó bien a casa? Decidí comerme unas patatas fritas al salir del metro, para pasar el disgusto mientras llegaba a su portal, y es allí cuando apareció mi amigo... EL MENDIGO. De pura cepa, con su gorrito y sus pelitos rubios desteñidos medio-rasta que le salían por debajo, y su carro casa-portátil, como no! Y Pi sin coger, y yo caminando despacio para que el mendigo me adelantara y dejara de ir a mi verita por el camino:
- Me quieres dejar en paz? Pero que no me sigas!!! (en español, el aleman no fluye a ciertas horas, y menos si se trata de sacar mi furia)
- Ohhh franceseeeee, parlez vous...? (deustrances)
- Pero largateeeeee, dejame tranquilaaaaa!
Así unos 700m y cuando se me acabaron las patatas, llegue a su portal, Pilar no me abría y el mendigo estaba a mi lao a un metro de distancia, pensé que el asunto no pintaba bonito. Aunque fui valiente y no tuve miedo en ningun momento. Llame a Anna que vive a tres paradas, porque las llaves de mi casa estaban en el piso de Pilar, y me fui a coger el metro como una flecha. Salvada! 5min! iujuuu!
Pues no, el mendigo y su carro fueron ligeritos también y llegaron justo a tiempo para meterse al metro por mi misma puerta. A las 8 de la mañana poco se le puede pedir a una persona, peo vamos, que no me iba a ir de viaje romántico por Berlin con él eso lo tenía claro! Asi que, aventurera de mi, cual Indiana Jones oí el sonido de la puerta: Zurückbleiben, bitte. Pee, pee, peeee! Y lo vi claro, me baje corriendo del metro y el mendigo, que quería acompañarme de nuevo hacia fuera, recibio un pequeño empujoncito para que se quedara dentro mientras cerraban las puerta y recibía un amable saludo del dedo corazón de mi mano derecha.
Fin de la aventura. Aquella mañana dormí sintiendome heroína, a pesar de que el incidente haya causado risas por Berlin y me haya hecho ganarme el apodo de "La Apaleamendigos".
Si es que... matas un perro...